pos · mo · der · ni · dá


Ya alguna vez ya me había quejado del terminajo de lo postmoderno. Pero cada que me pongo a medio investigar me doy cuenta que a pesar de lo pobre y vago del término sí es algo definido, existente y palpable.
Ayer (o antier, da igual) nos enteramos que un ex-obispo convertido en político y luego en presidente se hizo de un bebé con una niña que por aquellos entonces tendría 16 años.
Resulta que esto de respetar las normas de conducta que se supone que se deben autoimponer los pastores espirituales no les queda claro ni a ellos. Resúltase ser que todo este asunto de la moral, el bien y el mal y lo corrrecto y lo incorrecto son cosas abstractas, o de las que nos ponemos a hacernos de la vista gorda (en esta sociedad postmoderna) según nuestra conveniencia en espacios y tiempos cambiantes y cortos.
En este contexto, las recientes celebraciones de la semana santa han perdido todo su sentido, es como ir a ver una película de la que te contaron el final. Que en ese sentido no tiene mucho caso encasillada en una fecha específica del calendrio, más cuando nos enteramos con indignación que sólo está en esa fecha por encimarse a rituales paganos que se fueron empalmando para sincretizar en una religión que de tan moderna también se nos está postmodernizando.
Primero fueron los ayunos (bye), luego fue más importante el viacrucis que la celebración liturgica en viernes santo (bye), luego la abstinencia de carne se convirtió en opcional, luego… luego… luego. La verdad es que no es culpa de una institución eclesiástica, es sólo que no puede sostener algo en lo que sus miembros, sus componentes, nomás no creen.
Cuando claudiqué del seminario, de donde me sacaron por prosaicas calificaciones en matemáticas e historia y cosas por el estilo, de lo último que escribí fue una carta en la que les decía que me daba cuaenta que muchas cosas de la religión no cuadran, pero que la apoyaba (y apoyo) como un estrcuturante social, como una forma de cohesión válida. No me reclamaron, estaban perfectamente de acuerdo en que alguien que no creía apoyara su sitema de creencias, ¿tiene lógica? Entoces pensé que sí, hoy pienso que no.
Cuando los rebeldes izquierdosos eran los postmodernos había equilibrio, cuando las instituciones dejan de creer en ellas mismas (a través de sus miembros siempre), tenemos todos un problema, digo yo.
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