Ángel para un final

Y hubo tal silencio un día,
que nos tocaba olvidar,
que de tal suerte yo todavía
no terminé de callar...

Silvio Rodriguez Dominguez

Pos dale click, chinga'o

Hay pocas cosas para las que sea mejor que mentir. Definitivmente una de esas cosas es evadir la realidad y la responsabilidad de comunicarme mientras invento historias y diálogos a los rostros y los cuerpos que llevan las personas que me curzo por la vida.

(Habando de mentir, este blog lo inventé para mentir iniscriminadamente, ser ese otro que no puedo ser sin consecuencias aqui en el mundo_1.0. Pero luego tuve que opinar y defender mi opinión en comments de otros blogueros, y me enconté anónimo y escondido detrás de tantos kilómetros de fibras opticas y servidores con encriptadores que sólo la CIA sabe como desconstantnopolizar, que resultó que no pude [de verdad, no pude] mentir)

Luego le sumo mi incopmetencia social, y resulta que cada reunión termino cargando mi vaso de plástico con coca como si fuera el martini de Bond (en mi mente) mientras en realidad todos me ven tomarlo como la barandilla de la pista de hielo a los dos años. Sonriendo sin sonreir por que recuerdo que debo medir mi sonrisa. Envidiando al conquitsador de ocasión y a los chit chatters que empiezan hablando del clima y terminan sacando su viaje por Estrasburgo.

Quisiera llegar y poner en la plática un tema que incluya a Van Goghs, colores de cantera, aventuras con honguitos chidos y otras yerbas sublimables y sublimantes. Pero termino inventando historis detrás y delante de los gestos y las risas y las despedidas de la gente que se arteve a cruzarse por mi cabeza. Y me sigo diluyendo.

 

(Otra vez robándole imágenes a Betteo, ¿quién le manda dibujar tan chido?)

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