De la inutilidad de creer en Dios

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Vamos, estamos en México y si alguien te pregunta si crees en la virgen tienes que, por lo menos, elaborar un argumento, aproximar un apotegma. No está bien visto. Puede uno ir de lo social a lo dogmático, pero siempre el argumento de alarga.

Decir porqué no creo en Dios es mucho más simple.

No creo en un ser que sea tan infinito y tan humano. Tan preocupado por crear almas como juguetes para luego ver como reaccionan a pruebas histéricas, crear juguetitos para luego premiarlos o castigarlos en infiernos y paraísos.

Definitivamente podemos reflejar en Dios todo lo deseable de la condición humana, sublimarlo y colocarlo en un paraíso que luego nos colocamos inalcanzable cuando bien podríamos colocarlo en un perfecto aquí y ahora. Pero, ¿Necesitas un castigo divino para “portarte bien”? ¿Necesitas un paraíso? ¿Se necesita, de verdad un Dios con esas capacidades humanas intensificadas para escucharte al orar, adivinarte el (mal) pensamiento, y verte al obrar contra (sobre… a favor de…) tu prójimo?

¿La religión? Esa es una historia totalmente diferente

 

 

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