La sensación es como que el apocalipsis está en curso, y uno no se entera.

No hay teléfono, hubo problemas. El teléfono descansa en el fondo del río y apenas tengo tiempo de enviar este mensaje al aire en una computadora prestada. Es cierto que yo los había traicionado a todos, pero aún no entiendo como es que quemé mi último reducto de salvación de esta masacre, que de anunciada parece autoinfringida.

Si el mundo no se acaba hoy, igual mañana no lo sabré.

 

(Apuntes para el fin del mundo)

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