(7/52) Los Años de Peregrinación del Chico sin Color de Hakuri Murakami

Colorless Tsukuru Tazaki and His Years of Pilgrimage
Me tomó tiempo acostumbrarme al ritmo de Hakuri Murakami, me pareció un escritor demasiado presente en sus libros. Hay una "voz en off" que no se marcha. Sus metáforas no son del protagonista ni de un narrador, son directamente del escritor detrás del libro.
Era alto, corpulento, ancho de hombros. No obstante su envergadura,  se movía con agilidad y avanzaba a zancadas y daba la impresión de que tenía cierta prisa. Era, sin duda alguna, Ao. Incluso de lejos, Tsukuru tuvo la impresión de que apenas había cambiado. Simplemente se había ensanchado todo él. Como cuando la familia crece y hay que remodelar la casa... 
Pero la historia, simple, dibuja un trasfondo de angustia, de conflicto interno, de búsqueda que es maravilloso. No quiero ni tocar la trama que es muy simple y parte de la pandilla de preparatoria de Tsukuru Tasaki y de como el simbolismo de su nombre y el de sus amigos le marca.

Las referencias a la cultura japonesa se expresan francas pero se imbuyen discretas, se cuelan en la historia y le dan al mismo tiempo color y andamiaje.

Todos los individuos que salen en la foto miran hacia abajo como por mutuo acuerdo, con expresión sombría, apagada; parecen peces enlatados. El pie de foto rezaba: "Es posible que japón se haya convertido en un país próspero, pero la mayoría de estos japoneses cabizbajos no parecen demasiado felices". La fotografía dio la vuelta al mundo.
Tsukuru ignoraba si la mayoría de los japoneses eran de veras infelices o no. El motivo por el que todos los pasajeros que bajan las escaleras de la atestada estación de Shinjuku por las mañanas miran hacia abajo no es por que sean infelices, sino porque mas bien están atentos a sus pasos. En las grandes estaciones en las horas punta, esto es vital para no tropezar, para no perder un zapato. En el pie de foto no se mencionaba ese motivo, que es el verdadero. Además, es posible que nadie que camine mirando al suelo con un chubasquero de tonos oscuros parezca feliz. Aunque, por supuesto, quizá esté justificado llamar sociedad infeliz a aquella en la que uno no puede ir al trabajo todas las mañanas sin preocuparse de perder un zapato.
 No puedo esperar a leer el siguiente del señor Murakami.

Nota al margen: Que fea es la portada de la edición en español.




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